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Buscando los valores de la venezolanidad II

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Atendiendo al espíritu de los tiempos (Zeitgeist) esa sociedad desconfiada e individualista, que describimos en el artículo pasado, recibió una fuerte influencia de otras latitudes, de la explosión demográfica, concentración urbana, desarrollo de la industria, el comercio, reivindicación de derechos (mujer, obreros, gremios), la bonanza que convivió con la pobreza y la perdida de los valores de la familia, vocación al individualismo y el consumismo que llenó el ego y la vanidad del ser, que además contó en Venezuela con la riqueza de la renta petrolera. El Ta barato dame dos.

Produjo La Gaudium es spes, La Iglesia en el mundo (1965), Constitución Pastoral del Concilio Vaticano II, promulgada por Pablo VI. Según este documento el plan de Dios es la vocación comunitaria del ser humano, con lo que plantea que se debe superar la ética individualista.

En este mismo orden de ideas el filósofo Cornelius Castoriadis, desarrolló la importancia del pensamiento de los griegos: comunidad, ciudad, lo común, bien común… que cedió con la modernidad dando paso a otros valores como la libertad, igualdad, el estado del bienestar y la independencia individual.
En nuestro país en pleno vigor la democracia de cogollos, que se perdió en la corrupción y la ineficacia, con el discurso anti partido, encarnado en figuras como Irene Sáez, a la par Brasil con Color de Mello, Perú con Fujimori…, hace que llegue al poder de Hugo Chávez Frías (1998). Triunfo que dejó inicialmente en el letargo a todos los factores políticos, que al reaccionar lo hicieron con la furia de que nada sirve, de que son unos comunistas, fascistas, nazistas… y todo lo que termine en ita para referirse al comunismo de Mao, Lenin o de Pol Pot. Entonces hubo de todo, desde marchas y contramarchas, guarimbas, golpes de estados, paros petroleros y ciudadanos, referéndum, elecciones, abstención, atropellos, muertos… mucha injustica en un: todos contra todos.

Mucha agua bajo el rio hace que surjan tres clivajes: chavistas, opositores y ni-ni. Estos ni-ni, son críticos a ambos sectores y votan según la circunstancia, pero ese espacio, que ha ido en aumento, no es reconocido ni por los chavistas, ni por los opositores. La polarización inducida desdibuja los intermedios, que es donde hay más gente.

Por ello traigo a colación un estudio sobre la valoración de la Democracia del Centro Gumilla del 2009, que identifica cuatro grupos: 1.- Demócratas Socialistas del Siglo XXI “concentrar poder para distribuirlo al pueblo” (31%); 2.- Demócratas liberales “garantizar la libertad y la autonomía ciudadana” (27%); 3.- Demócratas, socialistas moderados “participación e igualdad en un régimen de economía social de mercado” (33%); 4.- Autoritarios “opiniones contradictorias” (9%).
Los opositores y los ni-ni reconocen en la democracia el esfuerzo, el logro personal individual, igualdad de oportunidades, más no igualdad social absoluta. Para los chavistas, la democracia es la deuda social que fue caracterizada por la exclusión, falta de oportunidades, cosa que, según ellos, estaba corrigiendo Chávez. Este estudio concluye que la democracia es un concepto arraigado en la cultura política del venezolano, que entre los chavista está dando paso al concepto del socialismo, pero no como comunismo, sino como solidaridad.

Entonces, las diferencias no son insalvables. Y, lo digo porque, por ejemplo, cuando hacemos la revisión de los estudios del mismo Centro Gumilla sobre los consejos comunales, en mayo 2008, hay aspectos significantes, como que ese tipo de organización comenzó a verse como que la gente podía resolver sus problemas a través de ellos. Entonces desde el Country Club de Caracas hasta Soledad en Anzoátegui se crearon los consejos comunales.

A mi juicio, ni los chavistas ni los sectores opositores entendieron el sentimiento ciudadano que se anidó en esas organizaciones, los primeros los utilizaron como brazo ejecutor de su partido político y los segundos los despreciaron como un espacio chavista. En efecto, el gobierno los utiliza, a los que pueden y no registra a los opositores, aunque hay muchos registrados. Entonces, ni contigo ni sin, en el país no se han organizado ni el 15% de los consejos comunales que deberían, por lo tanto quedó como un espacio chavista. Entonces, perdimos todos.

Una sociedad dispersa en la exclusión en estás conmigo o eres mi enemigo. Al chavismo no les importan los opositores, saben que ganan siendo la mayor minoría, porque el resto está atomizado. Con lo cual se ha generado una gran distorsión, potenciando un valor atávico, el de la exclusión.
Hasta este tiempo a pesar de que la democracia es participativa, según Latinobarómetro, 2015, las insatisfacción está en el orden del 70% y muy acentuada la desconfianza, con el 84%. Con lo cual quiero significar que un valor positivo como es la solidaridad ha quedado en el discurso, en la arenga socialista, minimizado frente a la exclusión con el que actúan los factores del gobierno, opositores y sus seguidores, no todos, recordemos: nada es lineal en este país. Continuaremos con el análisis de los valores de la venezolanidad en la próxima entrega.

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@carlotasalazar

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