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El Capital Social y el Estado Ciudadano

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Enlazar el concepto de Capital Social con el estado Ciudadano pretende que
pongamos el foco en los cambios culturales que deben operar en nuestra sociedad,
cuando los transitamos. De tal suerte, que para que esa acción ciudadana organizada en
redes, que le da beneficios al capital humano en la reafirmación de los valores de
solidaridad y confianza interpersonal. Sin embargo, es precisamente de estos valores de
los que adolece la sociedad venezolana.
Realidad que hemos develado en otros artículos pero que leyendo hoy Augusto
Mijares y a Alex Capriles, quiero dar un giro para ubicarme en lugar de lo que éramos en lo
que debemos ser, de cara al futuro. En efecto, quedarnos empantanados en la cultura del
caudillo que nos recrea en Paéz, Monagas o Los Guzmán… que no es justo para la labor
cívica de un Andrés Bello, Fermín Toro, Revenga, Cagigal, Vargas…más cerca de un Miguel
Otero Silva, Andrés Eloy Blanco, Alberto Adriani, Uslar Pietri… que en expresión de
Augusto Mijares “los unos redimen a los otros y salvan la patria”.
Se trata de ocuparnos de superar esos atavismos culturales. Por lo cual traigo a
colación la reflexión de Alex Capriles sobre David Humen en el sentido de que “en vez de
preocuparnos por el ser, lo que debemos es hacer”. En lugar de interrogarnos sobre

nuestros orígenes o una hipotética esencia, lo que necesitamos son acuerdos prácticos de
convivencia, plantearnos metas comunes y trabajar organizadamente para alcanzarlas.
Entonces cuando hablamos de esa capacidad de organización que necesita la
sociedad Venezolana, debemos concentrarnos en profundizar los valores de solidaridad y
confianza interpersonal. Pues vamos hacerlo. Porque es tiempo de generar nuevas fuerzas
sociales que nos reafirmen y fortalezcan la democracia.
Venezuela es un país que tiene culturalmente una fuerte influencia del caudillismo,
militarismo y amiguismo. Vicios que desarrolla Moreno León siguiendo a Enrique Krauze,
para Latinoamérica “…cuatro grandes y persistentes paradigmas: el militarismo, el
marxismo, el populismo demagógico y la economía cerrada… que son reflejo de las
características culturales de la mayoría de los países de la región – incluyendo a Venezuela-
, están debilitados; sin embargo, aún persiste su nociva influencia, de manera recurrente y
ello explica las crisis periódicas de estas sociedades y el estado de subdesarrollo de las
mismas.
En este sentido atender ese déficit de Capital Social, que alertó Moreno León
desde el 2004, es para conducir al país por la senda del desarrollo en democracia. Pero
¿Cómo lo atendemos? Nos hacemos la misma pregunta que hizo Kliksberg “… ¿se puede
construir capital social? …” ¿Pueden introducir elementos, sentimientos, lazos,
inquietudes, intereses … que cambien la cultura social de la sociedad venezolana? Como
lo plantea Moreno León, cuando dice “…un programa de cambios estructurales y
culturales, por lo que se requiere la reformulación del sistema educativo como eje básico
impulsor de esos cambios…”.
Se trata entonces de la necesidad de cambiar la cultura política social de los
venezolanos que hasta ahora ha descansado en el caudillismo, individualismo, amiguismo
y en la viveza criolla, para comenzar a recoger el espacio de la participación en lo público,
del colectivo, del bien común, de lo que es de todos.
La sociedad venezolana desconfiada en sus relaciones personales e insatisfecha por
ejercicio de la democracia requiere de un Estado que tenga como norte su organización y

la conformación de redes de organizaciones sociales que trabajen por el bien común, por
objetivos comunes, que tengan capacidad de presentar sus demandas y lograrlas. Un
Estado articulador, un gran educador de valore familiares y sociales, para la libertad, sin
intervención de los partidos políticos.
Un país crece y se desarrolla en democracia cuando su sociedad se organiza y
conforma redes que generan beneficio a sus relaciones (Capital Social). Ese ejercicio
ciudadano es más propenso a cambios cuando el Estado tiene ese mismo norte, cuando se
cultivan valores: solidaridad y confianza, que facilitan la participación ciudadana en los
asuntos públicos, por el bien de todos. Parafraseando a Lechner el estado impone el
orden. La sociedad necesita del Estado y el estado se nutre del espíritu social. Eso sólo
ocurre en un Estado que se apellide Ciudadano.

Carlotasc@gmail.com
@carlotasalazar

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