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Necesidad e importancia del estado Ciudadano, para los cambios sociales.

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En el desarrollo de estos artículos hemos establecido cuáles son los valores en un régimen político de democracia participativa y protagónica: además de los tradicionales de libertad, igualdad y fraternidad; son: inclusión, solidaridad, pluralismo y reconocimiento, con la finalidad unirlos indisolublemente a un Estado al que le hemos dado el apellido de Ciudadano.

La necesidad e importancia de ello radica en que la sociedad debe desenvolverse en su orden natural, en sus inquietudes, necesidades, en sus cambios generacionales, en sus avances tecnológicos… y sólo una sociedad solidaria, incluyente, plural y que reconozca el pensamiento del otro, lo logra. Es una sociedad que crece en medio de sus contradicciones, sentimientos, visiones y formas de ver el mundo. Es el espíritu, hegeliano, que se anida en el Estado, para dar respuesta a nuevas demandas y necesidades.
Necesitamos un Estado que direccione en el de fortalecer y darle institucionalidad a la sociedad para que se exprese válidamente.

Un Estado que atienda a los cambios sociales internos que reconozca a los ciudadanos como su nutriente. Por ejemplo, mi generación, finales del siglo pasado, fue criada en reuniones familiares, se necesitaba aprobación, muy dependientes, racistas, supersticioso, creyendo en las cadenas de mando, emocional, en el cara a cara, largas conversaciones y confortativos. Más pendientes del consumo, de la forma de las cosas, en la competencia de quién tiene más, de las marcas y del que dirán.

Pero esta generación, comienzos de siglo, es más independiente, emprendedores, sus relaciones de trabajo son de equipo, se comunican por las redes y son protagonistas de la revolución tecnológica. Son realistas, les gusta el éxito, atiende más al hoy y ahora, sin odios, ni problematizados, ni resentidos, menos confortativos, quieren soluciones. Dicen lo que piensan, graban lo que consideran importante para ellos como protagonistas, en el selfish del momento. Son parcos. Son ellos, en la sencillez del fondo de las cosas, no hablan mucho, pero saben todo lo que pasa y en tiempo real.
Estas nuevas formas de conducción social chocan con el trámite pesado de los formularios, requisitos, largos discursos contenido de falsedades y de funcionarios investidos de poder discrecional que toman decisiones importantes que impactan sus vidas, sin tomarlos en cuenta.

A pesar de que se habla de gobiernos abiertos, presupuesto participativo, gobernanza, gobiernos en línea, consultas populares, asambleas ciudadanas… estos mecanismos, hoy por hoy, no cuentan con fuerza política para ejecutarlos, para que la sociedad sea oída efectivamente. Continúa el sistema digital (dedo) imponiendo y ordenando la vida de toda la sociedad. Por eso la insatisfacción por la democracia aumenta como una bola de nieve cada año, según latino barómetro.

Si el Estado actúa en función de los intereses de sus élites políticas, sociales y económicas, el orden social es el producto de esos intereses, será el discurso dominante, en términos de Alain Touraine, el que se imponga, porque como dice Lechner el poder que se transmuta en orden.
En cambio, cuando el Estado actúa en función de las necesidades de sus ciudadanos organizados, la sociedad se concibe en su orden natural, el Estado en el ejercicio de su poder político hacer valer mediante la fuerza o mecanismos de dominación, el orden social responde a los intereses y necesidades de esa sociedad. Y así, y sólo así, cuando esto ocurra estaremos en presencia de un verdadero cambio social, donde la sociedad es fuerte y tiene capacidad de expresión. En cuyo caso poder estaría en las mayorías y no en las minorías.

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@carlotasalazar

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